Matilde se llama. Trabaja en el banco. En la sección reclamos. Es otro día. Otro día de mañana. Otro día de mañana igual que todos los días. Igual que todos los días los reclamos de todos los días. Reclamos de personas. Reclamos de clientes. Clientes que siempre tienen la razón. Que son clientes. Clientes del banco. Clientes que deben cuidarse mimándolos, escuchándolos. Los clientes tienen la razón. Siempre. Antes, el banco tenía sus razones. Pero las crisis hacen perder la razón a muchos. Y el banco debe ceder razones cuando de clientes se trata. Y Matilde debe dar razones a clientes que tienen la razón. Y debe defender a ese monstruo que le da de comer y que le traga la vida. Pero debe también defender al cliente que le da la vida al monstruo acuciado por la crisis. Y ella en el medio. Debe armarse. Debe amarse. Matilde se arma de paciencia. Frente a ella una larga cola de reclamantes enervados. Matilde está armada de paciencia. Llena de paciencia. Ellos tienen sus reclamos en la punta de sus lenguas. Reclamos mortales como picadura de mamba negra. Pero Matilde tiene su cargador lleno de paciencia. Y otros dos también cargados. Ella sola frente a todos ellos. En el medio un mostrador de madera terciada. En el medio el aire. Matilde esta armadísima de paciencia. Desenfunda a la velocidad del rayo su sonrisa, levanta el 38 largo y dispara sin dejar de sonreír. Luego les pregunta: Buenos días ¿En qué le puedo servir?
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Hay pocas Matildes en este mundo lleno de hostilidad... La felicito, no se de donde saca paciencia...
ResponderBorrarde mi lado, imposible.
Besos Don!
De las sus bocas todos dizían una razóne: "Dios, que buen vassallo, si oviese buen señore!"
ResponderBorrarSe merece Matilde esta frase del Cantar del Mio Cid. Vaya que se la merece (y en castellano antiguo)!
Matilde practica zen...esa es la posta.
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