domingo, 29 de marzo de 2026

CODIGOS

 - “Mirá vos, yo no sabía que ahora los picantes de la famosa zona sur de visten de payasos” – dijo el Denge cuanto lo vio al Basurita meado encima del pantalón de los Cleveland Cavaliers. – El basurita tenía la mirada clavada en el piso. Sabía que se había mandado un moco grande. Lo que no sabía era que se había metido con un tarado más tarado que él. El tema, se quedó con un vuelto. Una nada, veinte mil pesos. Pero el que se los prestó tiene muy en cuenta esos pequeños gestos y no todos saben que el diablo ama habitar en los detalles. El basurita desconocía este último dato. La cagó feo con el prestamista que se los dio de total buena fe se los reclamó y ahí el basurita, seguramente pasado de rosca, se enojó y se le fue la boca feo, pero feo feo. Y no se quedó ahí, encontró al ex amigo en la calle y los guapeó mas feo aún. Todo por veinte mil pesos. Ahora era demasiado tarde. No contaba con el detalle de que el mutuante era amigo del Dengue. Al Dengue le decían así por que el tipo de chupaba, te dejaba seco y de mataba, como solía hacer el mosquito Aedes. El dengue no era el más capito. Era el verdadero poronga que dominaba el territorio y no andaba con giladas. Era justo y por justo acá entendemos tener códigos con los demás. Quedarse con un vuelto no era cosa de alguien con códigos. Y así como nadie jodía con él menos iban los picantitos a joder a sus amigos. Son códigos.


De un sopapo le voló al Basurita la gorra de los Chicago Bulls y quedó su cabeza desnuda y sin dignidad a la altura de la entrepierna del Dengue que tenía un short de NOB que denotaba una tremenda erección de su pene. El Basurita no levantó la mirada del suelo. Dengue lo miraba fijo y sentía que que su pene estaba cada vez mas duro de rabia. Le daba por las pelotas la falta de código de los nuevos pendejos cada vez mas insolentes y pelotudos que no entendían nada.


Desde lejos miraban el Tito, el Manga y el Cirilo, los históricos laderos del Dengue. Y cuando digo lejos era lejos. El Dengue enojado era un toro ciego que a veces no reconocía a quién acometía. La furia lúbrica que detentaba el Capo era motivo suficiente para adoptar recaudos pertinentes.


- “Así que vos sos el picante, pendejo pelotudo, la concha bien puta de tu madre en cuatro.” Lo agarró del cuello y lo arrimó contra una columna de hormigón de un empujón que lo dejó gritando de dolor. Sin intermitencia se bajó el short dejando su verga monstruosa a la vista sin preámbulos se la clavó en la garganta hasta el fondo. Lo agarró de la nuca y le hizo tragar todo el falo hasta el tronco. Los pelitos del pubis del Dengue le hacían cosquillas en la naríz y estornudó llegando de mocos los testículos del Dengue. Esto lo enojó aún más y le empujó más la cabeza hasta que la chota entró entera en la garganta del Basurita. Tal habría sido la fuerza que el picantito se hizo caca encima. El garito de llenó de un olor a mierda espantoso. Difícil adivinar qué comida producía semejante materia fecal pero era insoportable. Y el basurita seguía llorando y se asfixiaba. Ese obelisco de carne le atoraba la tráquea y el oxígeno llegaba de a cuentagotas a los pulmones. Toda esta asquerosidad calentaba tanto al Dengue que al final el tipo acabó y le inundó el sistema digestivo de leche. Al basurita le salió leche de las fosas nasales y mas tarde cagaría leche del Dengue en su casa.


- “Baratito el polvo con la picantita trola. Veinte luquitas, un regalo. Mirá por lo que te regalaste nenota payasa. Si te vas a hacer el pija cotizate un poco más para quedarte con los vueltos.” El Dengue se sacudió los restos de leche en la cara del Basurita y luego le echó un meo largo y salado. Después de un polvo siempre le daban ganas de mear largo y potente. El decía que era bueno porque lo ácido mata los bichos.


El meo calentito un poco relajó el cuerpo del Basurita. Su boca había quedando ensanchada como la de un esclavo africano. Allí quedó, enlechado, meado y cagado. A modo de Postre el Tito, el Manga y el Cirilo también le echaron un mejo cada uno y luego, entre todos, lo cagaron bien a patadas. Todo por veinte mil pesos. Un regalo, verdaderamente.

sábado, 28 de marzo de 2026

ARGENTINA: UNA GRAN VILLA MISERIA

 Lentamente, pero a paso firme, Argentina se ha convertido en una inmensa villa miseria. Lejos elevarse intelectualmente la clase media, lo que que queda de ella adopta los peores códigos y la peor estética de una villa. Mientras en una villa hay gente que con tesón y esfuerzo quiere elevarse desde la propia miseria, clasemedieros y millonarios con culpa descienden a los avernos tumberos buscando una inserción en un círculo que, aunque usen pilusos, beban en viajeros o fumen fasito nunca van a pertenecer. Caucásicos que quieren ser marrones y marrones que quieren ser niggas de New York City o malas fotocopias de la familia Corleone.


De a poco el barrio va desapareciendo y en su lugar emergen burbujas inmobiliarias de pudientes y guetos de no pudientes y una no siempre invisible muralla donde la clase media hace un flojo equilibro que decanta en la marginalidad o en la grasada de vivir en una sociedad ficcionada entre alambrados eléctricos. Y me horrizo aquí hablando de códigos cuando hasta ellos van desapareciendo por el oportunismo y la garcada. Ya queda poca gente honesta y culta a la que le cuesta encontrarse en esta podredumbre social. Supongo que habrá por ahí monasterios de gente que ame la inteligencia y el amor por la complejidad. Serán monasterios aislados en islotes discontinuos disgregados en el mapa y su territorio. Y mientras tanto la masa humana argentina degenerará boludez que sobrevivirán prostituidos en redes sociales, en piolas consumirán fasito haciendo el pagadios con la péridida de su sinapsis, en atrofiar sus orejas con una monotonía de habla de culo y merca y en tatuarse la piel con calenturas del momento para ser en el futuro un testamento de su estupidez. Messi debe vomitar cuando se ve en tatuado en la pantorrilla de un tricampeón de la paja.


A veces creo que estamos transitando una especie de edad media, llena de gente ignorante dominada por una élite ilustrada detentadores del poder terrenal y espiritual. Pero no es del todo correcto. A la primera edad media le cabe la exculpación de no tener la oportunidad de salir de la servidumbre de la gleba. Hoy esa misma sociedad tuvo y aún tiene todas las oportunidades para salir del lugar en que se hallen, pero voluntariamente eligen la estupidez y la decadencia. Hoy lo obvio vuelve a ser tema de debate y cualquier boludo que sepa direccionar la idignación tiene más mérito de que alguien que se ocupó de saber y conocer. La sabiduría y la instrucción, la honestidad y el esfuerzo han pasado a ser un estigma para quien elija ese camino. 


Y se que un día vendrá un diluvio que arrase esta decadencia y los se sepan nadar serán salvos.

jueves, 5 de marzo de 2026

Prologo del libro Los Telos de Rosario de Fabian Ariel Gemelotti

 PRÓLOGO

Le vi'a decir nomás

De cosas que conozco

De lo que me han contado

No diré nada.

(José Larralde)

 Aún a sabiendas que al autor no gusta del género folklórico, las sabias palabras del Pampa Larralde acuden a mi para prologar esta necesaria historia de los telos de esta ciudad de Rosariorto.

 Fabián conoce el mapa de su territorio y en sus dominios los telos son el punto de encuentro físico y espiritual donde el total de sus pasiones encuentran el clímax.

 Donde muchos ven tan sólo un cubículo para echarse unos polvos apurados Fabián encuentra entre esas paredes la proporción áurea de todo lo que más ama : las mujeres, el sexo con ellas, y la literatura que surge de intercambio de fluidos replicados en los techos espejados y las salpicaduras de los jacuzzis con aguas danzantes.

 La historia que aquí leeremos ha sido escrita por quien, considero, la palabra más autorizada en esta ciudad, no solo porque es historiador sino también porque, como todo lo que hace lo vive y todo lo que vive lo escribe tal cual lo vivió, sin elipsis ni circunloquios innecesarios.

 En el universo Gemelotti, un telo no es un lugar para coger, es un universo donde su literatura carnal y visceral se gesta en el más puro placer carnal que pueden prodigarse en una soledad donde solo dos pueden estar.

Mariano Mauricio Enrique Romano


martes, 3 de marzo de 2026

PURO PASTO SOLO

 


El limonero se secó. Antes de él en ese mismo lugar había un arbol de mandarinas que supo dar las mejores que comí en mi vida. A su lado, multicolor también estaba la esterlicia que alguna mi madre hizo sacar. Ahora sólo veo el patio con puro pasto solo. En ese patio había vidas, había presencias y hoy solo queda ausencia. Y esta casa, de a poco, fue cayendose como ahora cae la tarde. De todo eso solo quedó lo que ya no está. Aún sigo viendo al limonero, al mandarinero, a la esterilicia, a mi mamá y a mi abuela porque no puedo ver si no es con el recuerdo y no quiero ver este patio con tanta ausencia.

Teseractos

  Adentro de los laberintos  De aquel cubo de mármol  Se encontraron sin querer  Dos almas rotas que huían  Del minotauro de la burocracia. ...