lunes, 6 de julio de 2026

Teseractos

 



Adentro de los laberintos 

De aquel cubo de mármol 

Se encontraron sin querer 

Dos almas rotas que huían 

Del minotauro de la burocracia.


Donde todos buscan justicia 

Y encuentran reglamentos

Dos que escribían y escribían 

Encontraron lo que nadie decía 

Que se podía descubrir allí dentro. 


Y él mira por la ventana cerrada

Las palomas rompiendo redes.

Él, que solo sabe de decretos

Quiere saber sobre tener alas 

E irse lejos de los expedientes. 


Ella, abrumada de exigencias 

Que le carcomían la alegría 

Deseó del mar su presencia

Hasta los pies de su escritorio

E irse feliz, vestida de perlas.


Esta triste historia de dos buenos

Hechos pedazos en sus caídas 

Se vieron y supieron con criterio

Que no era momento de juntarse

Hasta juntarse a sí mismos primero. 10/05/2010

domingo, 28 de junio de 2026

RADIOS DE ALASKA

 

Cada vez que abrí el corazón

Sopló sobre mí el viento ártico

Barrenando crudo el armazón

Que para ti vestí de mágico.

 

Allí quedé, desnudo y abierto

En la inmensa llanura blanca

Buscaba el norte y el acierto

Buscaba el abrigo en tu alma.

 

He quedado solo y en silencio

Soplando vapor de escarcha

He querido darte todo el cielo

Y recibí tus ojos que se marchan.

 

Aquí me hago un bloque de hielo

Escuchando una radio de Alaska

Lo último, sepan de mí, mi deseo

Haber sido el que abrió su alma.

 

28/06/2026

domingo, 29 de marzo de 2026

CODIGOS

 - “Mirá vos, yo no sabía que ahora los picantes de la famosa zona sur de visten de payasos” – dijo el Denge cuanto lo vio al Basurita meado encima del pantalón de los Cleveland Cavaliers. – El basurita tenía la mirada clavada en el piso. Sabía que se había mandado un moco grande. Lo que no sabía era que se había metido con un tarado más tarado que él. El tema, se quedó con un vuelto. Una nada, veinte mil pesos. Pero el que se los prestó tiene muy en cuenta esos pequeños gestos y no todos saben que el diablo ama habitar en los detalles. El basurita desconocía este último dato. La cagó feo con el prestamista que se los dio de total buena fe se los reclamó y ahí el basurita, seguramente pasado de rosca, se enojó y se le fue la boca feo, pero feo feo. Y no se quedó ahí, encontró al ex amigo en la calle y los guapeó mas feo aún. Todo por veinte mil pesos. Ahora era demasiado tarde. No contaba con el detalle de que el mutuante era amigo del Dengue. Al Dengue le decían así por que el tipo de chupaba, te dejaba seco y de mataba, como solía hacer el mosquito Aedes. El dengue no era el más capito. Era el verdadero poronga que dominaba el territorio y no andaba con giladas. Era justo y por justo acá entendemos tener códigos con los demás. Quedarse con un vuelto no era cosa de alguien con códigos. Y así como nadie jodía con él menos iban los picantitos a joder a sus amigos. Son códigos.


De un sopapo le voló al Basurita la gorra de los Chicago Bulls y quedó su cabeza desnuda y sin dignidad a la altura de la entrepierna del Dengue que tenía un short de NOB que denotaba una tremenda erección de su pene. El Basurita no levantó la mirada del suelo. Dengue lo miraba fijo y sentía que que su pene estaba cada vez mas duro de rabia. Le daba por las pelotas la falta de código de los nuevos pendejos cada vez mas insolentes y pelotudos que no entendían nada.


Desde lejos miraban el Tito, el Manga y el Cirilo, los históricos laderos del Dengue. Y cuando digo lejos era lejos. El Dengue enojado era un toro ciego que a veces no reconocía a quién acometía. La furia lúbrica que detentaba el Capo era motivo suficiente para adoptar recaudos pertinentes.


- “Así que vos sos el picante, pendejo pelotudo, la concha bien puta de tu madre en cuatro.” Lo agarró del cuello y lo arrimó contra una columna de hormigón de un empujón que lo dejó gritando de dolor. Sin intermitencia se bajó el short dejando su verga monstruosa a la vista sin preámbulos se la clavó en la garganta hasta el fondo. Lo agarró de la nuca y le hizo tragar todo el falo hasta el tronco. Los pelitos del pubis del Dengue le hacían cosquillas en la naríz y estornudó llegando de mocos los testículos del Dengue. Esto lo enojó aún más y le empujó más la cabeza hasta que la chota entró entera en la garganta del Basurita. Tal habría sido la fuerza que el picantito se hizo caca encima. El garito de llenó de un olor a mierda espantoso. Difícil adivinar qué comida producía semejante materia fecal pero era insoportable. Y el basurita seguía llorando y se asfixiaba. Ese obelisco de carne le atoraba la tráquea y el oxígeno llegaba de a cuentagotas a los pulmones. Toda esta asquerosidad calentaba tanto al Dengue que al final el tipo acabó y le inundó el sistema digestivo de leche. Al basurita le salió leche de las fosas nasales y mas tarde cagaría leche del Dengue en su casa.


- “Baratito el polvo con la picantita trola. Veinte luquitas, un regalo. Mirá por lo que te regalaste nenota payasa. Si te vas a hacer el pija cotizate un poco más para quedarte con los vueltos.” El Dengue se sacudió los restos de leche en la cara del Basurita y luego le echó un meo largo y salado. Después de un polvo siempre le daban ganas de mear largo y potente. El decía que era bueno porque lo ácido mata los bichos.


El meo calentito un poco relajó el cuerpo del Basurita. Su boca había quedando ensanchada como la de un esclavo africano. Allí quedó, enlechado, meado y cagado. A modo de Postre el Tito, el Manga y el Cirilo también le echaron un mejo cada uno y luego, entre todos, lo cagaron bien a patadas. Todo por veinte mil pesos. Un regalo, verdaderamente.

sábado, 28 de marzo de 2026

ARGENTINA: UNA GRAN VILLA MISERIA

 Lentamente, pero a paso firme, Argentina se ha convertido en una inmensa villa miseria. Lejos elevarse intelectualmente la clase media, lo que que queda de ella adopta los peores códigos y la peor estética de una villa. Mientras en una villa hay gente que con tesón y esfuerzo quiere elevarse desde la propia miseria, clasemedieros y millonarios con culpa descienden a los avernos tumberos buscando una inserción en un círculo que, aunque usen pilusos, beban en viajeros o fumen fasito nunca van a pertenecer. Caucásicos que quieren ser marrones y marrones que quieren ser niggas de New York City o malas fotocopias de la familia Corleone.


De a poco el barrio va desapareciendo y en su lugar emergen burbujas inmobiliarias de pudientes y guetos de no pudientes y una no siempre invisible muralla donde la clase media hace un flojo equilibro que decanta en la marginalidad o en la grasada de vivir en una sociedad ficcionada entre alambrados eléctricos. Y me horrizo aquí hablando de códigos cuando hasta ellos van desapareciendo por el oportunismo y la garcada. Ya queda poca gente honesta y culta a la que le cuesta encontrarse en esta podredumbre social. Supongo que habrá por ahí monasterios de gente que ame la inteligencia y el amor por la complejidad. Serán monasterios aislados en islotes discontinuos disgregados en el mapa y su territorio. Y mientras tanto la masa humana argentina degenerará boludez que sobrevivirán prostituidos en redes sociales, en piolas consumirán fasito haciendo el pagadios con la péridida de su sinapsis, en atrofiar sus orejas con una monotonía de habla de culo y merca y en tatuarse la piel con calenturas del momento para ser en el futuro un testamento de su estupidez. Messi debe vomitar cuando se ve en tatuado en la pantorrilla de un tricampeón de la paja.


A veces creo que estamos transitando una especie de edad media, llena de gente ignorante dominada por una élite ilustrada detentadores del poder terrenal y espiritual. Pero no es del todo correcto. A la primera edad media le cabe la exculpación de no tener la oportunidad de salir de la servidumbre de la gleba. Hoy esa misma sociedad tuvo y aún tiene todas las oportunidades para salir del lugar en que se hallen, pero voluntariamente eligen la estupidez y la decadencia. Hoy lo obvio vuelve a ser tema de debate y cualquier boludo que sepa direccionar la idignación tiene más mérito de que alguien que se ocupó de saber y conocer. La sabiduría y la instrucción, la honestidad y el esfuerzo han pasado a ser un estigma para quien elija ese camino. 


Y se que un día vendrá un diluvio que arrase esta decadencia y los se sepan nadar serán salvos.

jueves, 5 de marzo de 2026

Prologo del libro Los Telos de Rosario de Fabian Ariel Gemelotti

 PRÓLOGO

Le vi'a decir nomás

De cosas que conozco

De lo que me han contado

No diré nada.

(José Larralde)

 Aún a sabiendas que al autor no gusta del género folklórico, las sabias palabras del Pampa Larralde acuden a mi para prologar esta necesaria historia de los telos de esta ciudad de Rosariorto.

 Fabián conoce el mapa de su territorio y en sus dominios los telos son el punto de encuentro físico y espiritual donde el total de sus pasiones encuentran el clímax.

 Donde muchos ven tan sólo un cubículo para echarse unos polvos apurados Fabián encuentra entre esas paredes la proporción áurea de todo lo que más ama : las mujeres, el sexo con ellas, y la literatura que surge de intercambio de fluidos replicados en los techos espejados y las salpicaduras de los jacuzzis con aguas danzantes.

 La historia que aquí leeremos ha sido escrita por quien, considero, la palabra más autorizada en esta ciudad, no solo porque es historiador sino también porque, como todo lo que hace lo vive y todo lo que vive lo escribe tal cual lo vivió, sin elipsis ni circunloquios innecesarios.

 En el universo Gemelotti, un telo no es un lugar para coger, es un universo donde su literatura carnal y visceral se gesta en el más puro placer carnal que pueden prodigarse en una soledad donde solo dos pueden estar.

Mariano Mauricio Enrique Romano


martes, 3 de marzo de 2026

PURO PASTO SOLO

 


El limonero se secó. Antes de él en ese mismo lugar había un arbol de mandarinas que supo dar las mejores que comí en mi vida. A su lado, multicolor también estaba la esterlicia que alguna mi madre hizo sacar. Ahora sólo veo el patio con puro pasto solo. En ese patio había vidas, había presencias y hoy solo queda ausencia. Y esta casa, de a poco, fue cayendose como ahora cae la tarde. De todo eso solo quedó lo que ya no está. Aún sigo viendo al limonero, al mandarinero, a la esterilicia, a mi mamá y a mi abuela porque no puedo ver si no es con el recuerdo y no quiero ver este patio con tanta ausencia.

sábado, 21 de febrero de 2026

MUNDO ANIMAL

 Desde la calle oigo gritos. Son dos personas peleándose. Mejor dicho, son dos seres que eran humanos y ahora son animales con rasgos de humanidad. Uno es un therian que cruzaba la calle. El otro un Golem. Una auténtica y corpórea escultura precolombina en pelo mota al comando de un Fiat Duna. Una cosa enorme en mameluco que debió frenar en seco para no atropellar al autopercibido zorrino. El grácil animalito posiblemente debido al susto, un poco se acordó que era humano y comenzó a insultar al totémico conductor del Duna quien, quizás cansado de trabajar 16 horas por día, por un magro sueldo en negro licuado desde hace dos años y medio saca de algún recóndito lugar del Duna un árbol de levas oxidado y, furioso como un toro lastimado, acomete al therian quien ágilmente esquivaba los fierrazos con saltitos coreografiados sacados de un tutorial de youtube.


La violenta danza comienza a congregar a los transeúntes que pasaban por ahí, quienes, lejos intentar dar punto final a la contienda arman un círculo en torno a los púgiles. La esquina se convierte de repente en un improvisado coliseo romano que pide pan y circo. Los espectadores no ven con sus propios ojos el combate, sino que lo hacen a través de sus celulares grabando n a los improvisados gladiadores desplegando sus estrategias de combate.


Hace cuarenta y dos de térmica y un heladero se aposta en el lugar. En un santiamén el público que no se dedica a filmar la lid de combate, le liquida todo el fresco contenido de su caja de telgopor. En el parque no había vendido nada porque estaba lleno de Therians - que no comen helados – y si estaba lleno de gente que estaba impedida de darse un gustito mínimo. El publico mira la arena de combate. Sus lenguas chupan con fruición el palito frutal, el palito bombón, el conogol y el sin parar. La violencia da calor. Es necesario mitigar tanta sed con cremosa dulzura. Chupar, chupar para esperar el desenlace. Filmar, filmar para recibir el pulgar arriba de los contactos y procurar no olvidar el momento cúlmine del pulgar abajo. Todo el público filma, todo el publico chupa frescura, y otros gritan en favor de tal o cual campeón. Pero mejor volvamos a nuestra pelea…


El therian hace todo por sobrevivir. La mole hace todo lo posible para matar al therian, para poder descargar años de resentimiento acumulado que estalló por una mínima chispa que colmó toda esa bronca almacenada que apenas lograba salir de a cuentagotas en los partidos de fútbol con los compañeros del trabajo donde las puteadas, los hachazos al talón y los empujones estaban a la orden del día pero nunca pasaban a mayores porque el tercer tiempo del asado se hacía esperar. El fútbol es el cable a tierra de los reventados por el sistema. Pero volvamos a la pelea otra vez…


El pan y el circo ya no alcanzan. La sed se anuncia en forma imperativa. Todos quieren matar la sed con sangre. Mas la pelea se extiende sin solución entre Therian y el Gólem. El primero es ágil como el viento, etéreo, difuminado, un junco estremecido por la brisa. El Golem, por el contrario adrenalina desencadenada en todos los músculos tensos y brutales que revoleaban el denso fierro ofensivo. El therian no ataca, busca el desgaste, El otro busca el acierto fatal que, como una eyaculación, descargue toda la frustración de ser un reventado por el sistema.


Pero falta el vino sagrado, la sangría tan deseada, la cereza del postre, el rubí de la corona. “Apuren por favor, que no tenemos batería” se oía con frecuencia desde la marea humana que circunvalaba el show. Todo sería debidamente registrado, documento y subido a las “social media”.


La rueda de la fortuna, finalmente, giró en beneficio de la estatua primitiva. Un certero arbolazo de levas acertó al medio del cuerpo del Therian partiéndolo en dos medias res y salpicando a todo al público quien jamás se enteró del roció rubí que los teñía de sangre animal. El ciclópeo goliat, teñido de gloriam alcanzó el Olimpo de su saciedad. Se había vaciado de sí en culminando esa especie de justicia animal por garra propia. Allí quedó parado, carente de sentido y de propósito en ese mismo instante. El Gólem había conquistado su pequeño Everest y el futuro, esa cosa que hacemos ahora, había concluido para sí. Un paro cardíaco lo convirtió en un símbolo absoluto de estos tiempos brutales y prehumanos.


El improvisado Coliseo, terminada la justa, se desarmó tan rápido como se armó. La gente se fue por donde vino y se fue adonde iba a ir.


Tal como sucede en el mundo animal.


21/02/206

Teseractos

  Adentro de los laberintos  De aquel cubo de mármol  Se encontraron sin querer  Dos almas rotas que huían  Del minotauro de la burocracia. ...