El limonero se secó. Antes de él en ese mismo lugar había un arbol
de mandarinas que supo dar las mejores que comí en mi vida. A su
lado, multicolor también estaba la esterlicia que alguna mi madre
hizo sacar. Ahora sólo veo el patio con puro pasto solo. En ese
patio había vidas, había presencias y hoy solo queda ausencia. Y
esta casa, de a poco, fue cayendose como ahora cae la tarde. De todo
eso solo quedó lo que ya no está. Aún sigo viendo al limonero, al
mandarinero, a la esterilicia, a mi mamá y a mi abuela porque no
puedo ver si no es con el recuerdo y no quiero ver este patio con
tanta ausencia.
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