- “Mirá vos, yo no sabía que ahora los picantes de la famosa zona sur de visten de payasos” – dijo el Denge cuanto lo vio al Basurita meado encima del pantalón de los Cleveland Cavaliers. – El basurita tenía la mirada clavada en el piso. Sabía que se había mandado un moco grande. Lo que no sabía era que se había metido con un tarado más tarado que él. El tema, se quedó con un vuelto. Una nada, veinte mil pesos. Pero el que se los prestó tiene muy en cuenta esos pequeños gestos y no todos saben que el diablo ama habitar en los detalles. El basurita desconocía este último dato. La cagó feo con el prestamista que se los dio de total buena fe se los reclamó y ahí el basurita, seguramente pasado de rosca, se enojó y se le fue la boca feo, pero feo feo. Y no se quedó ahí, encontró al ex amigo en la calle y los guapeó mas feo aún. Todo por veinte mil pesos. Ahora era demasiado tarde. No contaba con el detalle de que el mutuante era amigo del Dengue. Al Dengue le decían así por que el tipo de chupaba, te dejaba seco y de mataba, como solía hacer el mosquito Aedes. El dengue no era el más capito. Era el verdadero poronga que dominaba el territorio y no andaba con giladas. Era justo y por justo acá entendemos tener códigos con los demás. Quedarse con un vuelto no era cosa de alguien con códigos. Y así como nadie jodía con él menos iban los picantitos a joder a sus amigos. Son códigos.
De un sopapo le voló al Basurita la gorra de los Chicago Bulls y quedó su cabeza desnuda y sin dignidad a la altura de la entrepierna del Dengue que tenía un short de NOB que denotaba una tremenda erección de su pene. El Basurita no levantó la mirada del suelo. Dengue lo miraba fijo y sentía que que su pene estaba cada vez mas duro de rabia. Le daba por las pelotas la falta de código de los nuevos pendejos cada vez mas insolentes y pelotudos que no entendían nada.
Desde lejos miraban el Tito, el Manga y el Cirilo, los históricos laderos del Dengue. Y cuando digo lejos era lejos. El Dengue enojado era un toro ciego que a veces no reconocía a quién acometía. La furia lúbrica que detentaba el Capo era motivo suficiente para adoptar recaudos pertinentes.
- “Así que vos sos el picante, pendejo pelotudo, la concha bien puta de tu madre en cuatro.” Lo agarró del cuello y lo arrimó contra una columna de hormigón de un empujón que lo dejó gritando de dolor. Sin intermitencia se bajó el short dejando su verga monstruosa a la vista sin preámbulos se la clavó en la garganta hasta el fondo. Lo agarró de la nuca y le hizo tragar todo el falo hasta el tronco. Los pelitos del pubis del Dengue le hacían cosquillas en la naríz y estornudó llegando de mocos los testículos del Dengue. Esto lo enojó aún más y le empujó más la cabeza hasta que la chota entró entera en la garganta del Basurita. Tal habría sido la fuerza que el picantito se hizo caca encima. El garito de llenó de un olor a mierda espantoso. Difícil adivinar qué comida producía semejante materia fecal pero era insoportable. Y el basurita seguía llorando y se asfixiaba. Ese obelisco de carne le atoraba la tráquea y el oxígeno llegaba de a cuentagotas a los pulmones. Toda esta asquerosidad calentaba tanto al Dengue que al final el tipo acabó y le inundó el sistema digestivo de leche. Al basurita le salió leche de las fosas nasales y mas tarde cagaría leche del Dengue en su casa.
- “Baratito el polvo con la picantita trola. Veinte luquitas, un regalo. Mirá por lo que te regalaste nenota payasa. Si te vas a hacer el pija cotizate un poco más para quedarte con los vueltos.” El Dengue se sacudió los restos de leche en la cara del Basurita y luego le echó un meo largo y salado. Después de un polvo siempre le daban ganas de mear largo y potente. El decía que era bueno porque lo ácido mata los bichos.
El meo calentito un poco relajó el cuerpo del Basurita. Su boca había quedando ensanchada como la de un esclavo africano. Allí quedó, enlechado, meado y cagado. A modo de Postre el Tito, el Manga y el Cirilo también le echaron un mejo cada uno y luego, entre todos, lo cagaron bien a patadas. Todo por veinte mil pesos. Un regalo, verdaderamente.
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