Lentamente, pero a paso firme, Argentina se ha convertido en una inmensa villa miseria. Lejos elevarse intelectualmente la clase media, lo que que queda de ella adopta los peores códigos y la peor estética de una villa. Mientras en una villa hay gente que con tesón y esfuerzo quiere elevarse desde la propia miseria, clasemedieros y millonarios con culpa descienden a los avernos tumberos buscando una inserción en un círculo que, aunque usen pilusos, beban en viajeros o fumen fasito nunca van a pertenecer. Caucásicos que quieren ser marrones y marrones que quieren ser niggas de New York City o malas fotocopias de la familia Corleone.
De a poco el barrio va desapareciendo y en su lugar emergen burbujas inmobiliarias de pudientes y guetos de no pudientes y una no siempre invisible muralla donde la clase media hace un flojo equilibro que decanta en la marginalidad o en la grasada de vivir en una sociedad ficcionada entre alambrados eléctricos. Y me horrizo aquí hablando de códigos cuando hasta ellos van desapareciendo por el oportunismo y la garcada. Ya queda poca gente honesta y culta a la que le cuesta encontrarse en esta podredumbre social. Supongo que habrá por ahí monasterios de gente que ame la inteligencia y el amor por la complejidad. Serán monasterios aislados en islotes discontinuos disgregados en el mapa y su territorio. Y mientras tanto la masa humana argentina degenerará boludez que sobrevivirán prostituidos en redes sociales, en piolas consumirán fasito haciendo el pagadios con la péridida de su sinapsis, en atrofiar sus orejas con una monotonía de habla de culo y merca y en tatuarse la piel con calenturas del momento para ser en el futuro un testamento de su estupidez. Messi debe vomitar cuando se ve en tatuado en la pantorrilla de un tricampeón de la paja.
A veces creo que estamos transitando una especie de edad media, llena de gente ignorante dominada por una élite ilustrada detentadores del poder terrenal y espiritual. Pero no es del todo correcto. A la primera edad media le cabe la exculpación de no tener la oportunidad de salir de la servidumbre de la gleba. Hoy esa misma sociedad tuvo y aún tiene todas las oportunidades para salir del lugar en que se hallen, pero voluntariamente eligen la estupidez y la decadencia. Hoy lo obvio vuelve a ser tema de debate y cualquier boludo que sepa direccionar la idignación tiene más mérito de que alguien que se ocupó de saber y conocer. La sabiduría y la instrucción, la honestidad y el esfuerzo han pasado a ser un estigma para quien elija ese camino.
Y se que un día vendrá un diluvio que arrase esta decadencia y los se sepan nadar serán salvos.
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