Cierta vez, caminando por una persona, íbamos hablando de libros. Salió decir de mi boca que tenía en aquel entonces - y aún hoy - pendiente de lectura el "Tratado de la desesperación" de Søren Kierkegaard. A lo cual esta persona me contestó: "Uy, sí, está rebueno ese libro, tiene un montón de oraciones para subrayar". Luego, la conversación siguió por otros periplos literarios. Mas por alguna razón aquella respuesta quedó flotando en mi cabeza y aún hoy sigue flotando, y cuando es así, la mejor forma de sacarla de la línea de flotación es escribiéndola para olvidarme y, quizás, un día volver a reencontrarme con ella.
No soy mucho de subrayar libros, pero si algo que leí en algún momento me pareció interesante remarcarlo lo hago con un trazo suave de lápiz. Diré que es grato hacerlo. Cuando por equis circunstancia uno vuelve a esta lectura y se encuentra con ese subrayado hecho en algún momento, uno se pone a pensar en retrospectiva a ver qué caray habrá estado pensando uno en el momento de haber remarcado, qué fue lo que llamó la atención aquel entonces, qué pensaba uno. Uno puede descubrirse entonces pensando en que en este presente, posiblemente uno no hubiera remarcado ese párrafo u oración pero si otro. En fin, remarcar es un ejercicio interesante que fomenta la plástica cerebral tanto o aún más que las claringrillas.
Pero yendo a aquella respuesta, no pude dejar, luego de haberla escuchado, sentir cierto aire de chotez en ella. Posiblemente explicaría mi reacción por quién la dijo, una persona soberbiamente intelectual, muy preocupada por lo que no había leído aún como lo que debería leer para acrecentar su acervo intelectual. Quizás porque hubiera esperado de ella otra respuesta, por ejemplo, lo que pensaba o decía el autor en ese libro. Convengamos que, de entrada, uno no puede esperarse un "canto a la vida" de parte del danés, ya el título del libro en cuestión lo decía bien de entrada, por lo tanto era esperable una respuesta aproximada a cierta perspectiva. Pero no... el libro estaba bueno "por que tenía muchas cosas para subrayar". Ahora, querido lector, hay una nueva forma de medir la calidad de los libros: según su posibilidad de subraye. No importa si lo leyó, le gustó o no, basta que tenga algo que suene lindo o voladísimo, digno de subrayar y voilá! usted tiene un libro buenísimo y genial. Y si..supongo que lo primero que habrá subrayado esta persona es la famosa frase de ese "La desesperación es la enfermedad mortal" fuaaaaaaaaa y ahí nomás cachó el faber castell y subrayó la frase, seguro "por que sonaba rebien".
A lo que voy es, jamás se me daría por juzgar a un libro de bueno o malo conforme a la cantidad de cosas que uno le puede subrayar sino más bien a lo que el libro me pudo ofrecer en cuanto a su contenido. Ahora que lo escribo me doy cuenta de qué fue lo que aquella vez me cayó medio mal de esa respuesta de mi acompañante, por que no sé qué es lo que le habrá quedado en la cabeza, si algo de lo que dijo el danés o bien cuántas frases del libro subrayó para su propio ego. O sea, ni siquiera se si hizo de ese libro una lectura comprensiva, para mí - me digo ahora - lo leyó para subrayar, no subrayó por que realmente lo leía.
Ahí está todavía el librito, esperando a que lo lea, cosa a la que le escapo dado el trabajo que me dio el "Diario de un seductor" que bien sería el "Diario de un winner nabo"
No soy mucho de subrayar libros, pero si algo que leí en algún momento me pareció interesante remarcarlo lo hago con un trazo suave de lápiz. Diré que es grato hacerlo. Cuando por equis circunstancia uno vuelve a esta lectura y se encuentra con ese subrayado hecho en algún momento, uno se pone a pensar en retrospectiva a ver qué caray habrá estado pensando uno en el momento de haber remarcado, qué fue lo que llamó la atención aquel entonces, qué pensaba uno. Uno puede descubrirse entonces pensando en que en este presente, posiblemente uno no hubiera remarcado ese párrafo u oración pero si otro. En fin, remarcar es un ejercicio interesante que fomenta la plástica cerebral tanto o aún más que las claringrillas.
Pero yendo a aquella respuesta, no pude dejar, luego de haberla escuchado, sentir cierto aire de chotez en ella. Posiblemente explicaría mi reacción por quién la dijo, una persona soberbiamente intelectual, muy preocupada por lo que no había leído aún como lo que debería leer para acrecentar su acervo intelectual. Quizás porque hubiera esperado de ella otra respuesta, por ejemplo, lo que pensaba o decía el autor en ese libro. Convengamos que, de entrada, uno no puede esperarse un "canto a la vida" de parte del danés, ya el título del libro en cuestión lo decía bien de entrada, por lo tanto era esperable una respuesta aproximada a cierta perspectiva. Pero no... el libro estaba bueno "por que tenía muchas cosas para subrayar". Ahora, querido lector, hay una nueva forma de medir la calidad de los libros: según su posibilidad de subraye. No importa si lo leyó, le gustó o no, basta que tenga algo que suene lindo o voladísimo, digno de subrayar y voilá! usted tiene un libro buenísimo y genial. Y si..supongo que lo primero que habrá subrayado esta persona es la famosa frase de ese "La desesperación es la enfermedad mortal" fuaaaaaaaaa y ahí nomás cachó el faber castell y subrayó la frase, seguro "por que sonaba rebien".
A lo que voy es, jamás se me daría por juzgar a un libro de bueno o malo conforme a la cantidad de cosas que uno le puede subrayar sino más bien a lo que el libro me pudo ofrecer en cuanto a su contenido. Ahora que lo escribo me doy cuenta de qué fue lo que aquella vez me cayó medio mal de esa respuesta de mi acompañante, por que no sé qué es lo que le habrá quedado en la cabeza, si algo de lo que dijo el danés o bien cuántas frases del libro subrayó para su propio ego. O sea, ni siquiera se si hizo de ese libro una lectura comprensiva, para mí - me digo ahora - lo leyó para subrayar, no subrayó por que realmente lo leía.
Ahí está todavía el librito, esperando a que lo lea, cosa a la que le escapo dado el trabajo que me dio el "Diario de un seductor" que bien sería el "Diario de un winner nabo"
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