Sus padres se enamoraron en una confusión. A él le gustaba el café sólo y no admitía en su paladar otra infusión. Un día equis la lluvia lo obligó a entrar a las apuradas a un bar ajeno a sus costumbres. Como todos los días de aguaceros, la lluvia llama al café y éste llama a la lluvia. Se sentó donde podía y pidió su café solo sin mirar a la moza. Aquel día no había sido el mejor de su vida y la lluvia no ayudaba en absoluto. Se aisló en su celular hasta que llegó la moza con una lágrima en jarrita. Rojo de cólera se dignó al, fin, a mirar a la moza. Fue amor a primera vista. Así me lo contó la hija de los protagonistas de esta historia.
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