Aquella vez “Aguijón-de-libélula-radioactiva” entró corriendo a los tribunales y dijo al juez de la correspondiente nominación:
● -¡Señor Juez! !Señor Juez! Le comunico, le exijo, le reclamo ¡Tengo sed de JUSTICIA!
● ¿Y en qué desierto ilícito estuvo usted que viene con tanto desparpajo y muy a la bartola a reclamarme de esta manera un líquido tan preciado como escaso? ¡Ya, deme sus motivos y si ellos me convencen harto suficientes, yo calmaré su imperiosa necesidad! Dijo el ya veterano Juez “Fiel-de-balanza-descuajeringado”
● Pues le diré las cosas “ad pedem litterae” su buen día, su señoría. Mi boca era un desierto que buscaba el oasis de un beso. Y tal fue así que mi boca, viera usted, era una gárgola que me llenaba de arena el cuerpo todo. Y así fue que se me hizo todo un desierto en derredor y ahí comencé el peregrinar de mi corazón y de mi pene por ese desierto que salió de mi mismo. Usted sabe excelencia, que todo cielo y todo infierno se resume en nosotros mismos. Nunca entendí esas doctrinas que ubican nuestro porvenir en un más allá en función de como actuemos en el “más acá”. Y así que entre tanta arena regurgitada también vomité, sin darme cuenta claro, espejismos , oasis de verdad, derviches, beduinos infestados de triquinosis, santas rosas, calamuchitas, pirámides de Egipto y muchas otras cosas más. !Pero era tanta, pero tanta la arena que lancé que no veía todas estas cosas! Y bueno, no me quedó otra que ponerme a andar por mi paisaje. Y yendo de duna en duna vi allende la lejanía, pal lau dil poniente un oasis re pipí cucú con palmeras, arándanos, vacas criadas a pasto y no a feed lot y una chica linda, muy mona, colgada de la rama del intelectualismo pedorro junto con otros monos con mucho libro y poca calle. Pero era linda y me miró con sus ojos color tereré y me dijo: “Vení ,sediento” Me agarró y me besó y se la puse, nos gustó y se la puse otra vez y acabamos en el centro de nuestros corazones., señor Juez y después de todo eso eso me dijo: “No soy agua, no era un beso, esto no es un desierto y yo no soy mona, soy una víbora que se la dejó poner y que ahora te ignora” Y se terminó todo ahí señor juez.
● Ajá, pero que tipito más idealizador que es usted mire. Pero su historia es fundada, su histeria no tanto. Pero esa víbora culturosa y sobaquenas que tanto le dio y a la que tanto le dio lo dejó fundido y confundido. Por más pelotudo que haya sido le corresponde que yo sacie su sed de justicia. Pero sólo respóndame una pregunta.
● Si su Señoría !Diga!
● ¿La justicia, la quiere con o sin gas?
● Sin gas su noble repulgue. Ya se imaginará qué pasa si eructo.
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