miércoles, 4 de febrero de 2026

LAS 120 MIL JORNADAS DE SODOMA

 Hay arte que da asco. Hay libros que son poco soportables de leer. Filmes que son difíciles de digerir. Cuadros y esculturas ante los cuales no podemos sostener por mucho tiempo la mirada. Las 120 jornadas de Sodoma del Marqués de Sade. A Serbian Film, culto extremo del porno gore extremo que superó la repulsión de gente acostumbrada a lo asqueroso. El Saturno devorando a sus hijos de Goya. Tan solo por decir ejemplos.

Y podemos seguir con ejemplos culturales: El juego del calamar. Hostel. La Condesa Sangrienta de Pizarnik entre otros tantos.

Hoy, 2026, el caso de Epstein y la publicación de los archivos clasificados por el Departamento de Justicia de USA parece haber hecho realidad toda aquel arte de lo abyecto y repulsivo. 

Pues no. 

Toda esa literatura nunca anticipó nada. Tan solo describió lo que siempre pasó entre las sombras. Lo que siempre estuvo velado al amparo de la impunidad de las altas clases. 

Muchos de los ejemplos culturales que di tienen un denominador común. Todos esos actos fueron cometidos con gente con poder, con gente con dinero.

Podrán pasar las épocas, cambiarán las modas, pero el poder y el dinero son la clave del refinamiento de las perversiones. Hablamos de personas que materialmente ya lo tienen todo y se aburren de que todo le sea dado. Hablamos de personas que tienen delegada una facultad suprema delegada por voluntad popular o por méritos varios, gente que pude hacer mucho más de lo que un simple mortal podría hacer.  

La clave para no morir de tedio es transgredir las convenciones y poseer los cuerpos y las almas de los demás. Ya no se trata de dinero, sino de almas.  Entonces hurgan en los desamparados, en los ingenuos, en los necesitados, en las almas necesitadas de almas que caen en los garfios de los buitres empachados y aburridos que sólo buscan cazar por el mero placer de cazar. 

Lo verdaderamente placentero para esa sanguijuelas es la impunidad. 

Resulta paradójico que lo que más repugne se la literatura y no la realidad que esa literatura nos desnuda. Lo de Epstein no da tanto asco como leer literatura maldita o filmes asquerosos. Todo ya estaba ahí. 


La perversión odia quedar desnuda. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Teseractos

  Adentro de los laberintos  De aquel cubo de mármol  Se encontraron sin querer  Dos almas rotas que huían  Del minotauro de la burocracia. ...